lunes, 21 de octubre de 2013

Una lágrima

En una lágrima soy capaz de decirlo todo. Me sobran todas las demás. Quiero que caiga y no quiero, quiero sentirla y la siento. Una única gota esconde miles de fragancias que creía haber olvidado: la delgadez de tus labios cuando sonríes, tus rizos sin orden, tu piel caliente, tus gritos de entusiasmo, tus abrazos suaves, tus besos pausados, tu ideas que vuelan; y tus ojos. Esa mirada grande, tímida, que sin pretenderlo anima a quererte. Vaya que sí lo hace... Es curioso como el sabor salado de una lágrima me hace probar dulces y amargos recuerdos, y como el regular trayecto de la gota es capaz de transmitirme el más profundo caos, confusión, inseguridad. ¿Qué la empuja a caer? Me pregunto. Claro que es la gravedad la que la desliza por mi mejilla pero, ¿por qué cae? ¿Qué la empuja? ¿No serás tú? Tú, esa luz en mi pupila; ese destello de rabia, ese fugaz impulso que me anima a luchar. Tienes que haber sido tú. Al fin y al cabo, la misma razón que me da fuerzas me las quita. Pero, ¿qué culpa tengo yo de quererte? ¿De soñarte? ¿De dibujarte en suspiros? ¿De reconocer en tu cuerpo el arte? ¿Por qué lo hago si no quieres que lo haga? Echémosle la culpa a este corazón rebelde que no aprenderá a rendirse, ni a dejar de soñar nunca. Y, yo, tan propenso a olvidar mis cosas no soy ahora capaz de soltarte. El tiempo y tú vais de la mano y yo siempre voy detrás, perdido, sin saber cuál será el próximo paso. Tú, que vas delante, perfectamente sabes que vas a hacer pero, ¿y yo? ¿Qué cojones hago yo? Que no tengo ni idea de a dónde estamos yendo, que no veo más que tus huellas y las marcas del tiempo. Y podremos engañarnos a nosotros mismos todas las veces que queramos pero quienes sí que no engañan son las lágrimas y los dos sabemos a que saben. ¿Podemos dejar ya de engañarnos? ¿De hacer como si nada pasara? ¿Por qué no nos dejamos querer más fuerte? No faltan ganas por mi parte.

Y no es poco el tiempo que llevamos así, y parece que no aprendemos que el amor no se puede matar a la fuerza pues siempre habrá recuerdos que lo rieguen, que todo artista necesita una musa, toda veleta su viento que la empuje, toda bailarina la música que la haga empezar a bailar.

Todo esto, y más, es una lágrima. Mi particular lágrima.

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